Matrices y estampas de Francisco de Goya

La Calcografía Nacional fue creada en 1789 con el fin de emprender importantes proyectos de grabado surgidos en el marco de la política ilustrada. Durante los últimos dos siglos la institución ha reunido un extraordinario conjunto de matrices grabadas por los más importantes artistas españoles, hasta conformar una de las mayores y mejores colecciones de planchas calcográficas del mundo. El principal tesoro conservado en la Calcografía Nacional son las 228 láminas de cobre abiertas al aguafuerte por Francisco de Goya, obras cumbre de la historia universal del grabado. Entre ellas se encuentran las correspondientes a sus cuatro series: Caprichos, Desastres de la guerra, Disparates y Tauromaquia. Cada una de ellas es el resultado de la libertad de pensamiento de Goya y un alegato en favor de la independencia en el campo de la creación.

Conocida con el nombre de Caprichos, esta serie es el testimonio de una sociedad en cambio que asiste al momento final del Antiguo Régimen y al nacimiento del pensamiento liberal burgués. Es un intento de denuncia de la sociedad de su tiempo buscando propagar las ideas de una minoría ilustrada. La serie está concebida como una sátira encaminada a combatir los vicios de los hombres y los absurdos de la conducta humana. Goya hace una crítica que abarca todos los sectores sociales, nada ni nadie escapa a su incisiva mirada. En los Caprichos aparecen representados temas como el engaño en las relaciones entre el hombre y la mujer, el cortejo, la prostitución y los matrimonios desiguales o de conveniencia; la sátira de la mala educación y la ignorancia, fruto de la preocupación ilustrada por esta cuestión; las falsas creencias y las supersticiones producto de la ignorancia, siendo la brujería la manifestación suprema de la falta de instrucción y de la superstición; la condena de los vicios arraigados en la sociedad, particularmente en el clero, y finalmente la protesta contra los abusos del poder  de los estamentos sociales más altos, la explotación del pueblo y las injusticias de la ley.

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El 6 de febrero de 1799, en el Diario de Madrid, se publicaba una noticia en la que se daba cuenta de la venta de una "colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por D. Francisco de Goya". Las estampas fueron retiradas de la venta el día 19 del mismo mes. En 1803 Goya cedió al Rey las ochenta láminas de cobre de los Caprichos y 240 ejemplares de la serie a cambio de una pensión a favor de su hijo Javier. Fueron depositadas en la Calcografía Nacional, por orden del Monarca, ese mismo año. (Fuente: Archivo de la Calcografía Nacional, libro 1, 18).

En la Junta Ordinaria del 9 de noviembre de 1862, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando autorizaba a su secretario para que adquiriese ochenta cobres de los Desastres de la guerra y dieciocho de los Disparates a su entonces propietario Jaime Machén Casalins por una cantidad cercana a 28.000 reales. En la siguiente Junta del 16 de noviembre, se daba cuenta de la compra y se acordaba la estampación de las mismas. La preparación de las láminas fue asignada a los grabadores Domingo Martínez y Carlos de Haes. En abril de 1870 Paul Lefort donó a la Real Academia las láminas de los Desastres 81 y 82 que faltaban de la serie.

Los Desastres de la guerra constituyen un alegato contra la barbarie y la sinrazón humanas, contra la guerra y la violencia en sus diferentes formas. Esta serie nace como consecuencia del sitio que sufrió la ciudad de Zaragoza entre los meses de junio y agosto de 1808. En el mes de octubre de ese mismo año, el general Palafox, defensor de la ciudad, mandó llamar a un grupo de artistas entre los que se encontraba Goya para "ver y examinar las ruinas de aquella ciudad, con el fin de pintar las glorias de aquellos naturales, a lo que no me puedo excusar por interesarme tanto en la gloria de mi patria", según comentó el propio artista años más tarde.

Sus imágenes constituyen una meditación de carácter universal sobre la guerra, siendo la muerte el tema constante en todas sus formas y circunstancias. Las planchas presentan una doble numeración, considerando que la del ángulo inferior derecho fue asignada por el propio Goya y la del ángulo superior por Ceán Bermúdez y que altera de forma sustancial el significado que le dio el artista. La primera edición respeta la numeración y las leyendas de las estampas del ejemplar de Ceán, pero modifica el título manuscrito de "Fatales consequencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfáticos". (Fuente: Catálogo General, Calcografía Nacional, 2004, 458).

La serie puede dividirse en tres bloques claramente diferenciados, las estampas 1 a la 47 están centradas en los episodios de la guerra como tal, no hay vencedores ni vencidos, solo el hombre llevado al límite. De la 48 a la 64 nos muestra las consecuencias de la guerra en la sociedad y en la vida cotidiana, fundamentalmente refleja la hambruna que vivió Madrid en 1811. El último bloque, conocido como los Caprichos Enfáticos, es una crítica sociopolítica al período absolutista de Fernando VII, a la pérdida de libertades y al desencanto que eso provoca en parte de la sociedad.  Al ser las estampas más comprometidas, Goya utiliza un lenguaje alegórico que va a ser una constante en su obra y que alcanzará su máxima expresión en la serie de los Disparates y en las Pinturas Negras.

La serie de la Tauromaquia fue grabada entre la primavera de 1814 y el otoño de 1816. El 28 de octubre de ese último año, en la Gaceta de Madrid, se publicaba un anuncio en el que se daba cuenta de la venta de una colección de estampas realizadas por "Francisco Goya, pintor de cámara de S.M.", representando diversas suertes de toros. " Véndese en el almacén de estampas, calle Mayor, frente á la casa del Excmo. Sr. conde de Oñate, á 10 rs. cada una sueltas, y á 300 cada juego completo, que se compone de 33". (Fuente: Diario de Madrid, 28-10-1816)

En la Tauromaquia, Goya centra su atención en los verdaderos protagonistas de la lidia, el toro y el torero, creando unas imágenes desconcertantes mediante un lenguaje de violenta intensidad. La serie, que se compró en 1979 al Círculo de Bellas Artes, consta de cuarenta estampas, aunque solo existen treinta y tres cobres, ya que siete de ellas están grabadas por las dos caras. Las estampas están relacionadas con un texto de Moratín titulado Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España, publicado en Madrid en 1777 y reeditado en 1801, y con la publicación de la segunda edición de Tauromaquia o arte de torear a caballo y a pie de Pepe Hillo, publicada con grabados, en Madrid, en 1804.

A la muerte de Goya en 1828, las láminas de la Tauromaquia pasaron a su hijo Javier quien las conservó hasta su fallecimiento en 1854. Un año más tarde se hacía una edición en los tórculos de la Calcografía Nacional, siendo el propietario de los cobres, en ese momento, León Pérez de Bobadilla. El 15 de junio de 1857, D. Manuel Cañete, Director de la Imprenta Nacional, hacía un informe indicando que las planchas de la Tauromaquia se encontraban en perfecto estado y que el Estado debía adquirirlas para la Calcografía Nacional (Fuente: Archivo de la Calcografía Nacional, caja 1/3).

Al no concretarse la venta, las planchas fueron adquiridas en París por el grabador Loizelet. Tras su muerte en 1886, las matrices pasaron a manos del comerciante alemán M. Bhin. Posteriormente se hacía con ellas el grabador Ricardo de los Ríos, quien las ofreció al Estado español en 1914 (Fuente: Archivo RABASF, 5-149-3 y 4-34-2). Finalmente el grabador Francisco Esteve Botey compró las láminas a Ricardo de los Ríos en París y las trajo de vuelta a Madrid, siendo adquiridas en 1920 por el Círculo de Bellas Artes.

Con el objeto de garantizar su protección durante la Guerra Civil, las planchas se trasladaron a la Calcografía Nacional, en 1937. En la sesión ordinaria del 3 de mayo de 1954 se daba cuenta, de la recepción de una carta del Círculo de Bellas Artes solicitando la devolución de las planchas. Dos años más tarde, en febrero de 1958, la Dirección General de Bellas Artes enviaba un escrito al Director de la Calcografía solicitando de nuevo la devolución de las planchas. (Fuente: Archivo de Calcografía Nacional, caja 31). El traslado no se llevó a cabo, ya que las obras continuaron en depósito hasta la definitiva compra por la Academia de San Fernando en 1979. (Fuente: Catálogo general, Calcografía Nacional, 2004, 469-477)

La última serie que realiza, entre 1816 y 1823, es la de los Disparates. En ella abundan las visiones oníricas, la presencia de la violencia y el sexo, el miedo a lo desconocido y la ridiculización de las instituciones relacionadas con el Antiguo Régimen y, en general, la crítica del poder establecido. Se trata de una serie inacabada que carece de una unidad y una lógica narrativa, siendo difícil de interpretar por sus enigmáticas imágenes.

Goya empezó a trabajar en la serie en 1815, un año antes de poner a la venta la serie de la Tauromaquia. Pese a que ninguna de las planchas está fechada, la aparición de una prueba de estado del Modo de volar (Disparate 13) en el ejemplar de Juan Agustín Ceán Bermúdez, nos confirma esa fecha. Cuando Goya abandonó España para establecerse en Burdeos, las láminas de cobre de los Disparates y los Desastres de la guerra permanecieron en la Quinta del Sordo. Se desconoce qué pasó con las planchas hasta que en 1856 Jaime Machén Casalins, como su propietario, las ofreció al Estado con destino a la Calcografía Nacional. En octubre de 1862, la Real Academia de San Fernando adquirió los dieciocho cobres de los Disparates, junto con ochenta de los Desastres de la guerra. (Fuente: Junta Ordinaria del 9 de noviembre de 1862).  Además de las 18 láminas que se conservan en la Calcografía Nacional, existen otras cuatro que pertenecieron al pintor Eugenio Lucas y que se encuentran en el Museo del Louvre de Paris.

El título bajo el que se reúnen las diferentes estampas ha sufrido desde el principio cambios que no han hecho más que afianzar el carácter de ambigüedad y enigma de la serie. El término Caprichos, con el que se conocieron inicialmente, fue pronto desplazado por el de Sueños, y a partir de la primera edición, la Academia impuso el de Proverbios, siendo este también desechado a favor de Disparates, nombre con el que se le conoce y que se basa en los epígrafes de las pruebas de estado conservadas en las que aparece esta palabra.

La serie de los Disparates es la más compleja de todas sus series gráficas. Su carácter inconcluso, la inexistencia de leyendas explicativas, la ausencia de portada, la incomprensión de algunos de los títulos que aparecen en las pruebas de estado, la nula referencia a estas estampas en las fuentes de la época y su caprichosa ordenación, son algunos de los factores que la convierten en una de las más enigmáticas de la producción de Goya. Se trata de una serie poblada de personajes grotescos, fantásticos, monstruosos y a veces deformes que nos pueden hacer pensar en la tradición festiva del Carnaval como momento transgresor y de rechazo a la autoridad. Todo esto lleva a plantearse una segunda lectura, la de un Goya que, a través de sus Disparates, hace una denuncia de todos los abusos cometidos durante el reinado de Fernando VII, por el rey, la iglesia y los militares. (Fuente: Catálogo general, Calcografía Nacional, 2004, 478-483)

Consciente del singular valor de este excepcional patrimonio, la Calcografía Nacional ha orientado sus objetivos y actividades en torno a la obra de Goya. Una selección de las matrices puede visitarse en la Sala Goya y las ediciones de sus estampas, ente las que se encuentran las ediciones príncipe de cada una de ellas y que se conservan en el Archivo de esta institución, pueden ser consultadas por los investigadores y el público en general en su base de datos.

Pilar García Sepúlveda






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