Marcoartú Amantegui, AgustínAbando, Bilbao (Vizcaya), 1796/1798 -


Hijo de Juan Luis de Marcoartú y Agustina de Amantegui, y hermano de Mariano, nació en Abando/ Bilbao (Vizcaya) el 10 de julio de 1796/ 1798.  Ingresó en el ejército en 1816, pero se trasladó a Madrid para cursar los estudios de arquitectura en la Academia de San Fernando. Asistió por espacio de algunos años al estudio particular del arquitecto y académico de mérito Melchor Cano, en cuyas obras aprendió la práctica de la profesión.

A principios de 1826 solicitó de la Academia su admisión a los ejercicios para la clase de maestro arquitecto, presentando como ejercicio de pensado el proyecto de un Palacio para un señor o magnate en una provincia (del A-1656 al A-1658), con el informe facultativo y el avance del coste de la obra, la certificación de práctica firmada por Melchor Cano y la justificación de su conducta moral y política recibida ante el teniente corregidor de la villa de Madrid Esteban Díez de Prado.  La Comisión de Arquitectura reunida el 23 de mayo examinó la obra y los documentos aportados, pero no le halló con mérito para admitirle al resto de los ejercicios de reglamento, aconsejándole que continuase instruyéndose hasta tener los conocimientos necesarios.

Sin embargo, en la Junta Ordinaria del 4 de junio de 1826 se leyó un memorial suyo preguntando acerca de si la obra de pensado no era adecuada para el grado de arquitecto podría ser suficiente para el grado de maestro de obras y en caso de que así fuera se le admitiría para esta última clase. La Academia accedió a su solicitud y en consecuencia le fueron sorteados los asuntos de repente para el título de maestro de obras. Le tocaron en suerte los números 20, 39 y 41, los cuales respondieron respectivamente: «Pósito de un pueblo para colocar los granos con separación de clases y con las precauciones qe prescribe Bails en su tratado de Arquitectura. Planta, fachada y corte», «Disponer un puente de madera con un arco de cien pies de diámetro y treinta de sagita ó radio menor. Planta, fachada y corte» y «Disponer en un triangulo equilatero de cien pies de lado una casa de habitaciones para inquilinos con solo una fachada. Planta, fachada y corte». De los tres programas escogió el nº 20, es decir Un posito de un pueblo para colocar granos con separación de clases como ejercicio de repente (A-2373).

La Junta celebrada para examinarle en la clase de maestro de obras tuvo lugar el 12 de junio de 1826, asistiendo a ella como presidente Manuel González Montao, en calidad de secretario Martín Fernández de Navarrete y como vocales Cuervo, Inclán y Moreno. Cotejada la obra de pensado con la de repente que el pretendiente explicó una vez entrado en la sala, se procedió a la realización del examen teórico. Marcoartú comenzó este nuevo ejercicio tratando la doctrina de los triángulos para medir superficies y el uso del grafómetro; el método de medir la solidez de la fábrica de un pozo, la bóveda baída, la de arista, rincón de claustro y por tranquil. A continuación, se introdujo en el arte de la montea, las cimbras y las armaduras, y por último en la nivelación de los terrenos para la dirección y formación de las calzadas.

Tras acreditar sus conocimientos matemáticos y arquitectónicos superiores a la clase de maestro de obras y haber elegido el programa más difícil de los propuestos para el ejercicio de repente los examinadores le juzgaron con la aptitud necesaria para ostentar el título de maestro arquitecto, grado que le sería concedido el 16 de julio de 1826, a los 26 años de edad.

En 1831 llegó al grado de capitán de ingeniero de caminos y en 1837 la Reina Isabel II le comisionó para reformar el plano de la ciudad de Vigo que había ejecutado el ingeniero Müller en 1811. En el Plano proyectado en el Puerto de Vigo para sus muelles y nueva población diseñó en 1838 las nuevas calles fijando los límites de la nueva urbe, siendo aprobado por la Academia de San Fernando en 1841. A finales de la década de los años treinta  construyó el mercado cubierto de San Felipe Neri, con dos entradas por la calle Bordadores y otras dos por la de las Hileras (Madrid) que a mediados de siglo se cerraría.

En 1848 el Ayuntamiento de Barcelona abrió un concurso público para construir en la ciudad una plaza céntrica y porticada en el antiguo local ocupado por el huerto y convento los PP. Capuchinos para desahogo y esparcimiento de los habitantes. El local religioso había pasado a propiedad del Ayuntamiento en 1836 a raíz de la desamortización de Mendizábal, pero no fue posible trasladar su propiedad a la municipalidad como consecuencia de la guerra, siendo la Administración de Bienes Nacionales el organismo que acabó por incautar terreno con la gran oposición del ayuntamiento.  No obstante, el tesón de este hizo trasladar su solicitud a la Reina para que el proyecto original se llevase a cabo, de ahí que S.M. expidiese a través del Ministerio de Hacienda con fecha del 15 de marzo de 1848 una Real Orden para que fuese ejecutado.

Una vez solventados estos problemas y la indemnización pagada a los propietarios de los terrenos que debían ser expropiados, se editó el programa del concurso el 9 de mayo para que los arquitectos que quisiesen participar en el certamen presentasen sus proyectos, dejándoles a su elección la arquitectura y la figura de la plaza, siendo dichos concursantes arquitectos académicos.

La plaza podía ser cuadrada, cuadrilonga, redonda, elíptica o de otra forma cualquiera; los pórticos arqueados o con columnas; en el centro de la plaza se debía levantar un monumento u obelisco dedicado a la persona que el opositor creyera más oportuna tomándola de un hecho histórico o bien una persona que hubiese dejado un recuerdo memorable u heroico en el país. Respecto a la arquitectura y ornato de la plaza con sus pórticos, se podía elegir cualquier estilo o decoración siempre que las ventanas, las puertas o los balcones siguiesen el mismo orden. Podía asimismo tener jardín y ser iluminada por medio de gas.

Entre los opositores figuraban Miguel Garriga, que presentó cinco proyectos diferentes; Francisco Daniel y Molina, que elaboró dos proyectos que fueron premiados en el primero y segundo lugar, y José Oriol Mestres, galardonado en tercer lugar.

El 8 de julio se acordó invitar al acto de apertura al capitán general, el jefe superior político, el intendente, el obispo, el regente de la Audiencia, el rector de la Universidad Literaria y el comandante general de la Provincia, así como a los siguientes censores: el general sub-inspector de Ingenieros, dos ingenieros militares, el ingeniero civil jefe del distrito Antonio Arriete, dos ingenieros civiles, el ingeniero hidráulico de las obras del puerto, a todos los académicos de San Fernando no arquitectos, el presidente de la Academia de Bellas Artes, el inspector civil de ingenieros y por la relación que debía tener con la historia del monumento que hubiese de ser erigido en la plaza, Próspero de Bofarull, archivero de la corona de Aragón y Juan Cortada, catedrático de Historia de la Universidad literaria.

Se señaló el 10 de julio para la apertura de los proyectos, día en que tuvo lugar la reunión del cuerpo municipal en sesión extraordinaria celebrada en el Salón de Ciento dentro de las casas consistoriales bajo el alcalde, los tenientes de alcalde, los regidores, el procurador síndico, los convidados (intendente, rector de la Universidad literaria, los censores, el inspector de caminos) y los académicos de San Fernando: Vicente Rodes, Damián Campeny, Antonio Ferrán, Pascual Vilaró, José Bover, Antonio Roca, Jaime Batlle, Luis Rigalt, Segismundo Ribó, José Arrau, Francisco Dalmasas y Claudio Lorenzo.

Se abrieron 11 proyectos:

 1º El Genio conteniendo cuatro planos.

 2º Barcino urbs venerabilis in agregiis templis tuta ut in optimis, pulchra in carteris edifiis. D. Alonso V de Aragón conteniendo dos planos.

 3.° Amor á la gloria, primer proyecto conteniendo cinco planos y una descripción; segundo proyecto conteniendo cuatro planos y una descripción; tercer proyecto conteniendo dos planos; cuarto proyecto conteniendo dos planos y una memoria; quinto proyecto conteniendo un plano y una memoria.

 4º Decora urbem tuam conteniendo dos planos.

 5.º Las autoridades que se desvelan por el bienestar de sus ciudadanos y para que prospere la industria y las artes, merecen bien de la patria; conteniendo cuatro planos.

 6.° Proyecto de una plaza de comercio en Capuchinos, conteniendo tres planos. 

Plaza de la guerra de la Independencia conteniendo dibujos en seis pliegos y una memoria.

 8º Ne che poco io vi dia da imputar sono che quanto io vi posso dar tutto vi dono. Ariosto C. 1º Ott. 3ª conteniendo cuatro planos y una memoria estando unido al plano de núm. 1. un pedacito de papel escrito.

 9º Útile dulcí conteniendo tres planos y una memoria.

 10º Plaza dedicada á D. Pedro III. Los edificios además de espresar cual sea su objeto deben también hablar al alma y enaltecer la imaginacion, despertando en una sentmientos sublimes y en otra ideas fecundas conteniendo cinco cuadros y una memoria.

 11º Los monumentos públicos son el testimonio de la civilización de los pueblos, conteniendo cuatro cuadros y una memoria».

 Una vez realizada la apertura de los citados proyectos, el presidente ordenó que fueran colocados en diferentes mesas para que el público pudiera verlos, fuesen trasladados después a la sala del consistorio y pudiesen encerrarse los pliegos que contenían los epígrafes y los nombres de sus autores en una cartera de terciopelo carmesí, guardando la llave en su bolsillo y entregando la cartera al secretario para su custodia.

El día 11 continuó la sesión del día anterior, momento en que una comisión de 5 censores, siendo los secretarios de la misma Juan Cortada y Juan Merlo y el presidente Agustín Marcoartú, fueron examinando y calificando los proyectos. Al día siguiente todos los censores continuaron la sesión del día anterior. El presidente de la junta comunicó que los trabajos habían concluido y que se había llegado a un dictamen, mientras que el jefe superior político comentó «la complacencia que le ha causado el ver que los SS. Arquitectos han rivalizado en dar pruebas de su aplicación y amor á la gloria presentando proyectos que han merecido todos, sin excepción, los elogios de la Junta censora y la aprobación así del Cuerpo municipal, como de la espresada Junta».

Tres de los once proyectos presentados fueron calificados con preferencia: en primer lugar el de Francisco Daniel Molina (Nº 8), en segundo el del mismo autor (Nº 2) y en tercer puesto el de José Oriol y Mestres (Nº 10). Se manifestó que todas las obras presentadas eran dignas de elogio y posible su realización, incluso que si había algún arquitecto que hubiera concurrido al examen y quisiera que se leyese su epígrafe podría hacerlo. Francisco Daniel Molina expuso que tenía otros dos proyectos, los números 4 y 11, al tiempo que Antonio Rovira y Trías comunicó que tenía el proyecto con el nº 9.

El mismo 12 de julio los miembros de la junta censora pasaron a ocuparse de la elección del monumento que debía colocarse en el centro de la plaza y como no se vio en los proyectos  elegidos las condiciones del programa propuesto, incluso eran inferiores en mérito a algunos de los que no había salido escogidos, se acordó abrir un nuevo concurso para este objeto si el ayuntamiento estaba de acuerdo, aunque en caso de no creerlo oportuno se daría preferencia al monumento erigido a Fernando El Católico del proyecto nº 11, obra de Francisco Daniel Molina, pero haciéndose en él algunas modificaciones desde el punto de vista arquitectónico. Asimismo, la junta censora fue de la misma opinión con respecto a las fuentes proyectadas y comunicó que en caso de no creerse oportuno abrir un nuevo certamen para ello, se elegiría la fuente proyectada en el epígrafe «Decora urben tuam», perteneciente al nº 4, también de Francisco Daniel Molina.

Finalmente, la junta acordó presentar al ayuntamiento dos proposiciones: que el autor del proyecto ganador en primer lugar dirigiese las obras públicas de su proyecto y segunda, que a todos los que hubieran participado en el concurso público se expidiese una certificación honorífica como acreditación, siempre que sus autores quisieran ver publicados sus nombres.

El autor del proyecto premiado en primer lugar, Francisco Daniel Molina, indicó que, dado que el famoso Consulado del Mar era aceptado por todas las naciones marítimas como el monumento más grandioso de la Ilustración catalana, había escogido como nombre de la plaza del Consulado mientras que las calles que iban a afluir en ella: del Comercio, Industria, Agricultura, de la Marina o del Mediterráneo en alusión al comercio catalán por este mar.

Proyectó la plaza con 290 palmos de ancho y 507 de largo sin contar con los pórticos, cuya profundidad era de 25 palmos, no obstante, en caso de ser demasiado grande podría disminuir sus dimensiones. Rodeaba este espacio con un paseo sirviéndole de acera un jardín arbolado. Diseñó una fuente monumental alegórica al Comercio, la Industria, la Agricultura y la Marina con dos surtidores o estanques. Las fachadas y su decoración constarían de cuatro pisos más el de tiendas con 100 palmos de altura, colocando en el cuerpo saliente y en dirección a la calle del Conde del Asalto el monumento que debía dar nombre a la plaza. Dicho cuerpo saliente lo adornaría con estatuas de los hombres eminentes en el comercio, la industria, la agricultura, artes y marina de nuestro país. Del mismo modo, decoraría los cuerpos salientes de las embocaduras de las calles que podrían ser, o no, porticadas.

El proyecto galardonado en 2º lugar era obra también de Francisco Daniel Molina, arquitecto que dio el nombre de Blasco de Garay a la plaza, capitán de navío que en 1543 había inventado una máquina de vapor de gran trascendencia, y a las calles que iban a parar a ella: del Vapor, la Industria, el Comercio y las Artes. Concibió el monumento que debía ubicarse en el centro del espacio urbanístico con la estatua de este marino y a su alrededor cuatro estatuas simbolizando el Comercio, la Industria, las Artes, etc., junto con bajo relieves.

Ideó la plaza circular con pórticos de 174 palmos de diámetro proyectando un gran jardín en el centro con asientos intercalados con estatuas o jarrones de flores sobre pedestales.  En el centro de cada jardín disponía una fuente o saltador. En cuanto a los edificios que debían conformarla constarían de cuatro pisos con una altura de 100 palmos y una decoración de orden jónico. Para dar mayor realce a la plaza proyectó dos pabellones salientes mirando a la Rambla, en cuyos cuerpos dispuso ocho columnas dóricas y seis pedestales con estatuas de personajes distinguidos en el comercio, la industria y las artes.

En el caso del proyecto premiado en 3º lugar cuya autoría respondía a José Oriol y Mestres, se daba a la plaza 132,065 palmos cuadrados2, pues los lados menores eran de 305 palmos y los mayores de 433 palmos, siendo muy sencilla la decoración de los edificios que la circundaban. Cuatro calles sin pórticos desembocaban en la plaza, cada una de 40 palmos de ancho, de las cuales una salía a la Rambla, otra a la calle de Escudillera, otra en la de Raurich que podría prolongarse hasta la plaza de la calle de Aviñó y la última a la calle de Fernando VII.

En la memoria, el arquitecto indicó que, aunque por falta de tiempo le había sido imposible presentar el diseño del monumento en el interior de la plaza, lo dedicaba a Pedro el Grande. La estatua ecuestre del rey iría sobre un pedestal junto a una línea de árboles a su alrededor porque era un personaje histórico de gran sabiduría y por la grandeza del reino que había gobernado, su amor al progreso científico, artístico, industrial y comercial.

Respecto a los edificios de la plaza los proyectó con plan del terreno con entresuelo, primero, segundo y tercer piso. Incluyó dos pensamientos para el cuerpo bajo conformando por un pórtico, sostenido por columnas pareadas y con arcos. Para la decoración combinó balcones y ventanas en el primer y segundo piso mientras que ventanas en el tercero, separando este de los demás con una faja ricamente adornada, siendo rematado todo el conjunto por una sencilla cornisa.

Obvió la introducción de decoraciones recargadas o extrañas, aunque sabía que era el «gusto más generalizado en esta ciudad, en la cual se embauca al público con prodigalidad de ridiculeces y garambainas que llaman adornos, la mayor parte de ellos hechos sin arte, colocados sin objeto y que á ningún tipo de arquitectura pertenecen», de ahí que optase por despojar en su proyecto de todo lo innecesario, dejando la arquitectura desnuda y sin accesorios  porque un edificio hecho con arte no admitía más que lo esencial y necesario. De este modo, los únicos adornos que introducía eran las ocho estatuas de mármol blanco que remataban las cuatro puertas de entrada representando las Ciencias, las Artes, la Industria, la Agricultura, la Marina, el Honor y la Virtud. Entre los materiales que emplearía en su obra destacaba el mármol de Rosas, el de Génova y Tarragona, la arenisca de Montjuic, incluso algunos elementos en estuco imitando los productos de las canteras mencionadas.

Como hemos indicado, Francisco Daniel Molina presentó al certamen otros dos proyectos que no fueron premiados. En el que llevaba como epígrafe «Los monumentos públicos son el testimonio de la civilización de los pueblos» (Nº 11), el autor hacía hincapié que había que prescindir de la reducción del terreno enajenable para dar a la plaza todo el ensanche posible para en el futuro poder ampliarla según fuera creciendo la ciudad. Dio a la plaza la extensión de 745 pies de longitud y 353 de latitud con la inclusión del pórtico que contendría tiendas en el plan del terreno y otro número igual en la primera planta. La cerraba con edificios particulares, uniformes en altura y decoración, ornamentación que conseguía a través de una columnata de orden corintio levantada sobre un basamento conformado un pórtico con arcos, en cuyos senos podrían introducirse bustos de personajes célebres (almirantes, guerreros, escritores, ...). A fin de evitar la monotonía ideó cuerpos salientes en cada uno de los edificios de la plaza formados por cuatro columnas aisladas y un entablamento coronado por un frontón en cuyo tímpano introduciría un escudo sostenido por genios. A cada lado de estos cuerpos diseñó monumentos rematados por estatuas de personajes históricos. Asimismo, en las embocaduras de las calles de Fernando VII y Escudillers ubicó cuatro monumentos con otras estatuas de personajes históricos coronados por cuatro bajo relieves que bien podían suprimirse sin restar magnificencia a la plaza, la cual podría cerrarse con una verja de hierro para la seguridad de las tiendas y habitaciones.

En el interior de la plaza diseñó un jardín, así como un paseo de árboles bajos, al tiempo que en el centro erigió un monumento alegórico a una etapa gloriosa que daría nombre a la plaza. Esta podía tomar el nombre de plaza de España o de los Reyes Católicos, mientras que las calles afluentes en ella: del Nuevo Mundo o América, Granada, África y de Italia por las glorias españolas de aquella época, vías en las que podrían colocarse bustos para decorarlas.

En cuanto al monumento situado en el centro lo diseñó recordando el enlace matrimonial de los monarcas, cuyas estatuas se darían las manos y quedarían coronadas por un genio simbolizando la España sosteniendo sobre sus cabezas la corona Real, decorado el pedestal octógono con bajo relieves.  A cada lado del monumento iría una fuente o salto, cuyos nombres podrían ser Cuatro estaciones y Cuatro elementos, ambas ejecutadas en hierro fundido.

Por otro lado, las doce estatuas que debían decorar los monumentos y colocarse en la plaza podían representar a príncipes que con sus matrimonios, adquisiciones o conquistas habían enaltecido y agrandado la Corona de España (Don Pelayo, Wifredo el Vellosos, Fernán González, Petronila y Berenguer IV, Don Jaime el Conquistador, Fernando El Santo, Pedro III, etc.).

Además del proyecto no premiado de Francisco Daniel Molina, tampoco lo fue el presentado por el arquitecto Antonio Rovira y Trías (Nº 9). Tuvo en cuenta el deseo del ayuntamiento en que la plaza fuera porticada, bien cuadrada, cuadrilonga, redonda, elíptica, etc., y se aprovechase al máximo el terreno. Atendiendo al programa, la plaza tomaría el nombre de Príncipe de Viana y el monumento estaría dedicado a dicho personaje histórico que llevaría en su mano izquierda la espada, en su pecho el escudo de Barcelona y en la mano derecha una pluma. A sus pies, se representaría una corona partida entre la cual pasaría una serpiente y alrededor del pedestal se representarían cuadros históricos relativos a la época del Príncipe.

Las estatuas que coronarían la plaza corresponderían con personajes históricos y las dieciséis de las fachadas podrían ser las del Conde de Barcelona, los Reyes de Aragón, Ramón Berenguer IV, Pedro III El Grande, etc. En cuanto al nombre de las dos calles proponía los nombres de Marimón y Blanca, madre del Príncipe.

El proyecto con el lema «Amor á la gloria» (Nº 3) respondía a Miguel Garriga, arquitecto que incluyó en su memoria el proyecto que había realizado de la plaza de la reina Isabel II en septiembre 1844, la cual había proyectado de forma circular, 290 palmos de diámetro y cruzándose en ella dos calles que comunicaban la Rambla con la calle Vidrio y la de Fernando VII con la de Escudillers. Un monumento dedicado a la Reina iría en el centro de la misma para conmemorar su feliz reinado. No obstante, acompañaba la memoria con otra menos grata para los españoles al alzar en el centro un arco de triunfo conmemorando el regreso de la reina Mª Cristina a Barcelona.

Concibió la plaza como un bazar con pórticos de 225 palmos de ancho, varios brazos, entradas y avenidas. En el centro de esta glorieta-jardín erigió un monumento dedicado a Isabel II a modo de templete dentro del cual figuraba la Soberana en el trono de San Fernando con abundantes chorros de agua dentro de una gran balsa convertida en surtidor a cuyo alrededor figuraban dentro de nichos y cuevas las estatuas de la Agricultura, las Artes, la Industria, el Comercio, Neptuno y otros genios o dioses alusivos a las aguas. Decoraba el segundo basamento, aquel en el que se apoyaba el trono de la Reina, con escudos de armas de todas las provincias y dominios de S.M. junto con cuatro relieves memorando épocas gloriosas de los Reyes de la Nación. Ornamentó el lugar del trono de la reina con escudos de armas reales o hemisferios de Europa, Asia, África y América recordando las posesiones de la Corona Española; leones como símbolos de la lealtad española y estatuas representando la Justicia, la Paz, la Religión y la Constancia como virtudes que siempre acompañan al trono.

En el segundo proyecto realizado por Miguel Garriga, el arquitecto denominó la plaza con el nombre de Plaza del Comercio y la Industria.  De figura elíptica achatada, con pórticos y una galería circundándola le dio 430 palmos de longitud y 200 palmos de latitud, además de 23 palmos de luz en el pórtico. Trazó cuatro avenidas o entradas: la principal en la Rambla. otra al lado opuesto, calle del Vidrio, otra en la calle de Fernando VII y la última en la calle Escudillers, todas ellas con 45 palmos de ancho y pórticos, lo mismo que la plaza. Sobre dichas entradas dispuso salones destinados al comercio, la industria, ciencias, artes y agricultura con suntuosas escaleras dobles. Cerró con cristales la galería de la industria española que abrazaba toda la extensión de los pórticos, así como la plaza y las avenidas para resguardar a la gente de las inclemencias atmosféricas

También previó un pasaje en la prolongación de la calle de las Euras cruzando la avenida de Fernando VII aumentando así el valor del terreno, además de dos glorietas-jardines separadas por un surtidor en la plaza, en cuyo centro de cada una de ellas dispuso un aposento subterráneo destinado a café comunicado con una de las tiendas. Sobre dichos subterráneos apoyó un templete de orden corintio decorado con ocho columnas, la estatua de la diosa Flora en uno de ellos y la de Ceres en el otro. Surtidores, fuentes y escalinatas comunicaban con los templetes. Las cuatro fachadas de las entradas a la plaza quedaban decoradas con estatuas, retratos, relieves y atributos de la industria nacional en ciencias, artes, agricultura y comercio como representación del triunfo que estas habían adquirido.

Al final de la memoria, fechada el 27 de junio de 1848, Miguel Garriga incluyó el presupuesto de la obra: la indemnización y el coste de las obras a cargo del ayuntamiento, junto con el sobrante del que podía disponer la municipalidad.

A su vez, el mismo arquitecto realizó un tercer proyecto para la plaza, en esta ocasión de figura regular, 800 palmos de longitud y 150 de latitud con un espacioso pórtico a su alrededor de 25 palmos de ancho. Ideó cuatro entradas en forma de cruz por las cuales podían ir los viandantes a cubierto hasta encontrar el pórtico, de las cuales, la que procedía de las Ramblas cubrió con cristales al ser de mayor extensión que las demás. Creía conveniente la prolongación de algunas calles y la construcción de un embarcadero atravesando la muralla del Mar y como en el proyecto anterior, incluyó el coste de las obras e indemnizaciones.

El cuarto proyecto presentado por Garriga para el certamen, representaba una plaza cuadrada de 310 palmos de lado y un pórtico de 24 palmos de ancho circundándola. Dentro de la misma dispuso una glorieta, elevando en su centro un monumento representando la Fama en cuyo pie existían diferentes saltos de agua.

Por el contrario, en el quinto proyecto ideó una gran plaza de 460 palmos de longitud y 320 de latitud con pórticos de 30 palmos de ancho a su alrededor y una capacidad suficiente para poder plantar árboles y formar una glorieta en la figura irregular que presentaba su planta. Cruzaba por el centro de la plaza una calle abierta, prolongación de la Nueva Rambla o del Conde del Asalto, en línea recta hasta la bajada y plazuela de San Miguel y por el lado de mediodía otra de 30 palmos de ancho a fin de prolongar el pórtico de esta acera hasta encontrar la plazuela de San Francisco, la de Aviñó a la plazuela de la Verónica por la parte norte y terminar en la calle de los Templarios. En los ángulos de la plaza y como prolongación de los pórticos introducía otros pasajes particulares que daban salida a la Rambla, uno a la calle de Fernando y otro a la de Escudillers.

Según algunas fuentes Marcoartú fue separado del Cuerpo de Ingenieros en 1855 para ingresar en prisión a requisitoria del juez de Hacienda de Cádiz al haber sido denunciado por sus propios compañeros y debió de morir hacia 1859.


Fuentes académicas:

Comisión de Arquitectura. Arquitectos, 1826-1833. Sig. 4-68-7; Comisión de Arquitectura. Informes, 1821-1828. Sig. 1-30-1; Comisión de Arquitectura. Maestros de Obras, 1822-1826. Sig.  2-16-1; Arquitectura. Maestros de Obras, 1826. Sig. 2-18-7; Libro de registro de maestros arquitectos aprobados por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1816-1900. Sig. 3-154, nº 41.

Otras fuentes: Actas de la Junta Censora convocada por el Excmo. Ayuntamiento con el objeto de examinar y calificar los proyectos presentados al mismo en el concurso para la formación de una plaza porticada en el local que fue de PP. Capuchinos de esta Ciudad. Barcelona: Imprenta de Antonio Bruni, 1848.


Silvia Arbaiza Blanco-Soler
Profesor TU de la UPM


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