Gato

Nº Inventario: BE-27
Descripción: Figura hueca de gato sentado
Dimensiones: 10,2 x 6,5 cm
Datación: Baja Época
Estado: En buen estado de conservación
Observaciones: Se trata de un animal de cuerpo robusto y cara achatada de ojos muy pequeños.
Iconografía: El gato egipcio era el descendiente del salvaje africano, Felis libyca. Desde el Reino Medio hay pruebas de su domesticación aunque se han hallado esqueletos de gatos en cementerios de la Época Predinástica.
El gato gozaba en Egipto de una especial estima, en primer lugar por sus dotes cazadoras que libraban las casas de roedores y serpientes. Los egipcios utilizaron esas habilidades en sus batidas de caza en las zonas pantanosas, lo que parece deducirse de la pintura de la tumba de Nebamon que se encuentra en el Museo Británico. Pero también eran apreciados animales domésticos, hecho que de nuevo evidencia la decoración de las tumbas donde aparece bajo las sillas de sus dueños, como sucede en los hipogeos tebanos de Anen (TT 120), Najt (TT 52), Ipuy (TT 217) y Neferrenpet (TT 178) y en la menfita de Mery Mery. Quizá la mejor muestra de la estima de los egipcios por sus gatos es el pequeño sarcófago que el Príncipe Thutmose, hijo de Amenhotep III, hizo para su mascota llamada Ta Miut, que significa literalmente La Gata.
La palabra para designar estos animales era, evidentemente, onomatopéyica. En masculino era Gato en egipcio , miw y al femenino se le añadía la desinencia de género t, Gata en egipcio , miwt.
Los indiscutibles aspectos simbólicos de las representaciones de gatos, compatibles con la realidad de su situación doméstica, se refieren a la sexualidad femenina cuando aparecen bajo la silla de su dueña, a una divinidad solar en algunas estelas o a diosas relacionadas con estos felinos, Sejmet, Mut, Neith y, sobre todo, Bastet.
En la Baja Época, al mismo tiempo que otros animales, los gatos, en tanto que encarnaciones de la diosa Bastet, fueron sacrificados, momificados y enterrados en sus necrópolis en diferentes lugares a lo largo de todo Egipto. En Bubastis se estima que había unas 300.000 momias de gatos. Al Norte del complejo funerario de Djeser en Saqqara se encuentra la zona conocida con el nombre árabe de Abuab el-Qotat, las Tumbas de los Gatos, una clara alusión a los numerosos enterramientos de estos animales allí encontrados. Es el mismo lugar que los griegos llamaron Bubasteion por encontrarse en él el santuario de la diosa Bastet. Los estudios hechos en el Museo Británico en las 53 momias de gatos que posee en su colección, demostraron que los animales eran criados para el sacrificio, ya que la mayoría eran cachorros y murieron por rotura del cuello.
Del mismo modo, los gatos de bronce se convirtieron en exvotos muy apreciados. Los más abundantes son los sentados, pero se conservan muchas figuras de gatas tumbadas con su camada. Los tamaños, la calidad y la decoración de estas figuras varían enormemente. Los ornamentos son también diversos: collares y pectorales, pendientes en orejas y hocico, determinados amuletos en la cabeza o en el lomo. El escarabeo sobre la frente, muy corriente en la Baja Época, puede deberse a la forma del pelo del gato en esta zona que inducía a ver un escarabajo.
Bibliografía:
  • MALEK, Jaromir, The cat in Ancient Egypt, Londres, 1993.
  • PINO, Cristina. Arte y eternidad. La decoración de las tumbas privadas en el Reino Nuevo, Barcelona, 2001, pp. 77, 83, 85, 127 y 141.
  • JANSSEN, Jack, JANSSEN, Rosalind, Egyptian household animals, Aylesbury, 1989, pp. 14-15.
  • SATZINGER, Helmut, “The scarab on the cat's forehead” en Essays in honour of Prof. Dr. Jadwiga Lipinska, Varsovia, 1997, pp. 399-407.
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